viernes, 30 de agosto de 2013

Tengo 13 cuerdas colgando de mis muñecas.

Solían decir, que las barreras nos las ponemos cada uno a nosotros mismos, que no hay nada imposible y que las batallas más largas son las que tenemos contra nuestro propio orgullo.
Últimamente analizo mucho esto en mi cabeza, las barreras más infranqueables nos las ponen quienes menos esperamos y cuando uno mismo ha conseguido deshacerse de la suya propia, las cosas más posibles y planeadas se vuelven los sueños inalcanzables que una vez estuvieron rozándote la yema de los dedos; y las batallas más duras y más largas se vuelven las más sangrientas y no destrozan un sólo corazón...con dos es suficiente.

Una barrera la construyen entre dos, uno por cada lado, con piedras, ladrillos, enredaderas, clavos, espinas y lo que haga falta. Al principio las rendijas salvan esa distancia...de vez en cuando llueve y se resbala la maleza dejándose ver lo bonito que hay al otro lado. Pero basta con un solo día de sequía, con un fallo, con un ladrillo mal puesto que lo tapone todo, para que no se vea nada por ningún lado, solo queda gritar, pedir por favor que lo deshagan, golpear con todas tus fuerzas... y entonces qué pasa, que toda la muralla se cae para uno de los dos lados.. y está en el ser de cada lado, la decisión de volver a levantarla o de cruzarla.

La suerte está echada, pero la carta continúa boca abajo.

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